
por todos y cada uno de los poemas alados,
por lo bueno de mí que ha muerto,
por buscar estaño entre la cal.
Silencio por el azahar que no conoceré,
por las estrías entumecidas de la boca,
por perder la fe.
Silencio por destruir esta urbe
fabricada de antagonismo y soledad,
silencio por la desaparición del amor,
silencio...
Silencio por todos los rincones que no sabré,
por los cuadros que no pintaré,
por las palabras que me preocupé de asesinar,
por el pelo enredado en las manos,
por las manos enredadas en las manos.
Silencio porque lo debo,
¡no es mío!
no lo quiero ni ver,
ni oler,
ni oir,
ni sentir;
... pero sólo queda eso...
SILENCIO
Este es mi presente a lo efímero de los colores:
Sólo guardo silencio,
como epitafio somnoliento
de un cuento con final.
(Mariapahn)



